QUEM SOMOS NÓS

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Somos uma organização marxista revolucionária. Procuramos intervir nas lutas de classes com um programa anticapitalista, com o objetivo de criar o Partido Revolucionário dos Trabalhadores, a seção brasileira de uma nova Internacional Revolucionária. Só com um partido revolucionário, composto em sua maioria por mulheres e negros, é possível lutar pelo governo direto dos trabalhadores, como forma de abrir caminho até o socialismo.

sexta-feira, 8 de maio de 2009

Texto da TBI sobre a questão homossexual (em espanhol)

El Marxismo y la Lucha por los Derechos de los Gay y las Lesbianas
Capitalismo y Homofobia
Traduccion de 1917 No. 15, 1995
Los que están a favor de la revolución deben intentar entender la cuestión de los homosexuales, tanto por razones científicas como programáticas. Los marxistas siempre han intentado entender la sociedad como un todo y desarrollar un análisis materialista histórico de todos los fenómenos sociales—desde las relaciones de producción a la religión, la familia y demás. Lenin apuntó en ¿Qué Hacer?, que no es suficiente el prestarle atención solamente a aquellas cuestiones que afectan inmediatamente al proletariado:
“la conciencia de las masas obreras no puede ser una verdadera conciencia de clase si los obreros no aprenden –basándose en hechos y acontecimientos políticos concretos y, además, actuales sin falta—a observar a cada una de las otras clases sociales en todas las manifestaciones de su vida intelectual, moral y política; si no aprenden a hacer un análisis materialista y una apreciación materialista de todos los aspectos de la actividad y la vida de todas las clases, sectores y grupos de la población..”
Nosotros sostenemos la concepción de Lenin de que el partido del proletariado debe ser la “tribuna del pueblo” que busca liderar a la clase trabajadora en su lucha contra todas las formas de opresión bajo el capitalismo y enlazar las luchas de los oprimidos a la lucha por el gobierno de la clase trabajadora. Los marxistas se oponen a toda opresión capitalista, y en este espíritu se oponen a la persecución de los homosexuales masculinos y femeninos así como de cualquiera que sea oprimido sobre la base de sus preferencias sexuales como son los trasvestis, los transexuales, los sadomasoquistas, etc. Siempre y cuando haya consentimiento expreso entre los participantes, nos oponemos categóricamente a la intervención del estado.
El capitalismo no concentra el dolor que causa en una sola clase identificable como una fuerza única y de fácil movilización. Si éste fuera el caso nuestra labor sería simple. El capitalismo distribuye el dolor en patrones aparentemente caóticos, dejando que sus víctimas luchen por sus intereses en forma aislada, cada grupo separado de los otros—los discapacitados, los inmigrantes, las minorías religiosas, los ancianos y los jóvenes. Es tarea del partido revolucionario ser adalid de los intereses de todos los oprimidos y organizar sus luchas tomando como eje la revolución proletaria.
Tribuno del Pueblo
Como explicó Lenin, un marxista debe ser:
“...arbitrariedad de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea el sector o la clase social a que afecte; que sabe sintetizar todas estas manifestaciones en un cuadro único de la brutalidad policíaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el hecho más pequeño para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y cada uno la importancia histórica universal de la lucha emancipadora del proletariado.” -¿Qué Hacer?
Esta concepción no era meramente una pose táctica temporal adoptada por un Lenin inmaduro; la defensa de los oprimidos y de los derechos democráticos era una línea integral del bolchevismo. Lenin estaba en explícito desacuerdo con la idea de que los marxistas “sólo tenían que ocuparse de su propia clase” y rechazaba el consejo de los mencheviques de “abandonar los ‘sueños del Blanquismo’ de liderar todos los elementos revolucionarios del pueblo...” (Obras Completas, V16)
El caso clásico en el cual se evidenció el tema de la vanguardia marxista como tribuno del pueblo fue el Caso Dreyfus. En 1894 el Capitán Alfred Dreyfus, un oficial judío del estado mayor general de los franceses, fue sometido a consejo de guerra por traición, degradado y enviado a prisión. Cuando posteriormente se puso en claro su inocencia, los clericalistas, los de derecha y el estado mayor anti-semita hicieron lo posible por impedir que se conociera la verdad. Durante 1898-1899 hubo encuentros frecuentes en las calles entre los partidarios de Dreyfus ( intelectuales, socialistas y burgueses radicales) y la derecha francesa. Aunque algunos izquierdistas argumentaban que no era interés de la clase obrera defender a un oficial de la burguesía militar, que no tenía ninguna relación con el movimiento de los trabajadores, este conflicto conmocionó a la Tercera República casi hasta sus cimientos. La mayoría de los socialistas franceses comprendieron que era importante apoyar los derechos democráticos y relacionar esta lucha con el movimiento en contra del gobierno capitalista.
Históricamente la homosexualidad ha sido perseguida por ser “antinatural” y porque supuestamente ofrece un peligro a la reproducción de las especies. Estas dos racionalizaciones están de hecho fuertemente relacionadas, porque lo que se presupone como “antinatural” de la actividad homosexual es el hecho de no ser reproductora. De hecho no hay base para pensar que la homosexualidad tenga mayor impacto en las estadísticas de la reproducción de la que puedan tener las relaciones heterosexuales recreativas, la masturbación, o el celibato.
Es sencillamente imposible saber con certeza como las condiciones sociales y las orgánicas interactúan para determinar la preferencia sexual, si bien aún no se ha demostrado la función biológica de la unidireccional sexual, está claro que en la sociedad contemporánea hay una presión social considerable hacia una orientación sexual exclusivamente heterosexual. Una atmósfera social más tolerante puede llevar a un aumento del comportamiento homosexual, pero no implica necesariamente un aumento en la proporción de personas con preferencia homosexual, ni una disminución en el comportamiento heterosexual significativamente reproductivo. Ciertamente la necesidad de reproducir la población humana no está amenazada por la homosexualidad; la cantidad de actividad heterosexual necesaria para propósitos reproductivos es una pequeña fracción de toda la actividad que tiene lugar en realidad.
La Homosexualidad Antes del Capitalismo
La intensidad del prejuicio social y las sanciones legales contra el comportamiento sexual masculino y femenino ha variado considerablemente de un lugar a otro en diferentes momentos históricos.
En general, la homosexualidad (dentro de patrones específicos) era aceptada en la antigüedad clásica. En 1980 un profesor de la Universidad de Yale, John Boswell, publicó Christianity, Social Tolerance and Homosexuality (Cristiandad, Tolerancia Social y Homosexualidad), que describía cómo desde mediados del siglo XI hasta mediados del siglo XII en la Europa católica hubo un verdadero florecimiento en el clero de la actividad homosexual explícita y de los escritos homosexuales, incluyendo la poesía erótica. Esto se correspondió con la aplicación de la prohibición del matrimonio de sacerdotes que hasta ese momento había sido permitido (al igual que se permite hoy en la Iglesia Oriental). Los sacerdotes homosexuales fueron los que más fuertemente apoyaron la prohibición del matrimonio heterosexual, pero la base fundamental de este cambio fue la necesidad de la Iglesia de adaptarse al modo de producción feudal. En la mayoría de las sociedades feudales la tierra era heredada por el mayor de los hijos varones y ese principio podría haber disminuido rápidamente las tierras de la Iglesia. Por lo tanto, era necesario impedir que el clero se casara y tuviera hijos varones. El decretar fuera de la ley la actividad heterosexual en el clero implicaba o la aceptación de la homosexualidad como norma, o, por el contrario, prohibir también la actividad homosexual. Este asunto se decidió en el Tercer Concilio Lateranense en 1179, el que impuso sanciones contra la homosexualidad. La decisión no se reflejó inmediatamente en los códigos legales, pero entre 1250 y 1300 la sodomía pasó de ser legal, a ser penada con la muerte en la mayoría de los países de la Europa feudal. Aunque sus orígenes fueron los requerimientos dentro de la Iglesia, no es de sorprenderse que la doctrina de la sodomía como un pecado particularmente malévolo se aplicó universalmente, o de que rápidamente se convirtiera en un crimen eclesiástico para toda la población y más tarde un crimen según las cortes del rey. Tampoco puede sorprendernos de que de tiempo en tiempo existiera una tendencia desigual a que esta prohibición perdiera fuerza.
El Capitalismo y la Familia Nuclear
La persecución de los homosexuales disminuyó entre los siglos XIV y XIX y después aumentó abruptamente en los años finales de los 1800s. Este arranque de homofobia estuvo claramente relacionado con el hecho de promoverse la familia nuclear como norma social y consecuentemente la prohibición del sexo fuera del matrimonio. En el Manifiesto Comunista de 1848 Marx y Engels describieron a la familia proletaria (diferente de la familia burguesa) como una institución remanente y en decadencia. Sin embargo, en unas pocas generaciones la familia nuclear se estableció firmemente como la forma característica de la vida doméstica del proletariado en el capitalismo.
El modo de producción capitalista no requiere de ninguna forma particular de organización doméstica de la clase trabajadora. Siempre que haya una cantidad suficiente de nuevos trabajadores dispuestos a vender su fuerza laboral, no debe importarle a los burgueses, al menos en teoría, la forma en que la clase trabajadora se reproduce. En los primeros tiempos de la revolución industrial la vida doméstica de los proletarios se caracterizaba por formas decadentes pre-capitalistas de una familia multi-generacional. La transición del campo a la fábrica fue traumática, marcada por un desajuste social masivo y desórdenes domésticos (asociados con alcoholismo, abuso infantil, etc.). El emplear a hombres, mujeres y niños en largas jornadas con sueldos que sólo garantizaban la subsistencia demostró ser un impedimento para el desarrollo de una familia nuclear. Esto es lo que el Manifiesto describió como “la trampa burguesa... de la intimidad de las relaciones entre padres e hijos” cuando el desarrollo de la gran industria significó que “los lazos familiares de los proletarios y convirtiendo a los hijos en simples mercancías y meros instrumentos de trabajo.” La ausencia, en los primeros proletarios, de una estructura doméstica que siguiera un patrón firmemente establecido no era beneficiosa para el capitalismo. No era cosa fácil integrar el embarazo, el amamantar los bebés y la cría de los hijos a las fábricas y demás empresas. Con el paso del tiempo, la sociedad burguesa aceptó que estas funciones como mejor podían llevarse a cabo eran fuera de las fábricas. Esta es la base material de la familia nuclear proletaria. Este es su origen y hasta el día de hoy esto es lo que la sostiene.
El desarrollo histórico de la familia estaba condicionado por la necesidad de socializar a los proletarios jóvenes, de cuidar a los ancianos y de cuidar la salud material y emocional de la población trabajadora. Se diseñó siguiendo la práctica de la clase dominante (la cual se había desarrollado antes para satisfacer sus propias necesidades). La familia nuclear también proveía una cierta medida de cohesión social y de estabilidad para el orden burgués. Un proveedor de salario masculino, menospreciado en su trabajo, aceptará su destino más fácilmente si en su casa, donde él es “el que manda”, sus necesidades son satisfechas. De esta manera él se convierte en un importante moldeador de la próxima generación de trabajadores para que acepten la naturaleza jerárquica de la sociedad de clases. Al mismo tiempo sus responsabilidades domésticas refuerzan el poder de aquél que lo emplea—un trabajador tendrá entonces que tener en cuenta que su esposa e hijos dependen de él antes de darle un golpe al capataz o votar a favor de la huelga.
A pesar de toda su utilidad, fue difícil instaurar la familia nuclear en el proletariado y requirió de un considerable apoyo ideológico, legal y material. En Inglaterra se utilizaron todo un repertorio de respaldos—desde el “Factory Acts” (Leyes de las Fábricas) que limitaba las horas de trabajo de las mujeres y los niños, al énfasis en la castidad, la templanza y el auto sacrificio de los plebeyos promulgado por varias denominaciones no conformistas cristianas. Al final del siglo XIX, a medida que la hegemonía de la familia nuclear se establecía gradualmente, se prolongó la infancia, la maternidad se promulgó como la ocupación a tiempo completo más apropiada para las mujeres, la prostitución se convirtió en una ocupación para desclasados y los homosexuales fueron victimizados y odiados.
La Familia Nuclear Proletaria y la Homofobia
La familia burguesa discutida por Marx y Engels se basaba en la premisa de que un individuo burgués masculino debía tener acceso sexual exclusivo a su esposa (para garantizar que sus propiedades fueran heredadas por descendientes de su propia sangre). Para esto no era necesario prohibir la actividad sexual extra marital (ya fuera homosexual o heterosexual) del esposo. Estas actividades no amenazaban la línea de sucesión de propiedades, así que no había una necesidad obvia para prohibirlas. Sin embargo, el establecimiento de la familia nuclear como la institución social doméstica primaria para el proletariado y otros estratos plebeyos requería de estos tabúes.
En parte era sólo una cuestión de suprimir alternativas que no fuera la familia nuclear, con efectos potencialmente perjudiciales. Cuando se está intentando convencer al pueblo de que la felicidad consiste en que el hombre trabaje en una fábrica con la mujer cuidando de cinco hijos en la casa—lo cual no es una tarea sencilla para empezar—entonces no ayuda el permitir configuraciones domésticas más agradables. Las parejas homosexuales o los grupos de solteros con acceso a prostitutas, o cualquier otra combinación bohemia, pueden verse como alternativas más interesantes, más satisfactorias, o con más comodidades materiales, que ser parte de una familia proletaria.
Existe otra tendencia más de la génesis de la homofobia moderna. Bajo el capitalismo del siglo 19 el factor central que condicionaba la vida doméstica proletaria era considerar que el costo total de criar a la próxima generación era una responsabilidad individual y no una responsabilidad social. Los niños no podían sostenerse a sí mismos económicamente, ni tampoco podían hacerlo los que los cuidaban. La familia nuclear requería que la madre y los hijos fueran sostenidos económicamente por un hombre, que fuera lo suficientemente productivo para ganar un salario que cumpliera con este propósito. Esto implicaba que se retrasara la tenencia de hijos, lo cual, con la ausencia de la tecnología moderna de planificación familiar, requería de los adolescentes una gran dosis de abstinencia sexual. Esto no se conseguía con facilidad. Tenía como consecuencia un cierto nivel de frustración y de tensión social y requería el apoyo de la autoridad religiosa, así como de la intervención estatal a través de leyes que fijan la edad de consentimiento y otras.
Se crean dificultades si se prohíben las relaciones heterosexuales de los adolescentes a la vez que se permiten las homosexuales, a menos que esta homosexualidad adolescente sea cuidadosamente institucionalizada, como se da en las escuelas públicas inglesas. Consecuentemente, durante los últimos años del siglo 19, había el temor de que si no se ejercía la debida presión para contrarrestarlo, los libidinosos adolescentes masculinos canalizarían sus energías en dirección al homosexualismo. El miedo de que la heterosexualidad sucumba al asalto homosexual frecuentemente se da como la justificación de las medidas en contra de los homosexuales en este período. El miedo a que “la juventud se corrompiera” junto a la importancia de mantener el poder del padre en la familia contra cualquier contendiente homosexual eran temas esgrimidos por los fiscales, jueces y periodistas durante los juicios contra Oscar Wilde en los años 1890s, los cuales fueron cruciales en la articulación y estructuración de la moral anti-homosexual en Gran Bretaña y en otras partes (vea por ejemplo, H. Montgomery Hyde, Oscar Wilde, 1976).
A las mujeres se las veía con menos significación social y esencialmente asexuales. Por esto, sus vidas sexuales no fueron sometidas a una persecución tan activa. Las jóvenes eran mucho más supervisadas que los hombres y en gran mayoría eran mantenidas dentro de sus casas. El mayor éxito obtenido en la supresión de la sexualidad adolescente femenina significa que el lesbianismo era mayormente ignorado, en general, el prejuicio homosexual extremo se restringía a los hombres. Generalmente se describía la actividad lesbiana como mujeres que tenían un comportamiento “masculino”.
Los Primeros Socialistas y la Homofobia: el Caso Schweitzer
Hay una considerable historia de oposición del movimiento de los trabajadores a la opresión de los homosexuales, particularmente en Alemania, sede del movimiento socialista más grande y de mayor influencia del período antes de la Primera Guerra Mundial. En agosto de 1862 dos señoras mayores, que estaban disfrutando de un paseo por un parque público en Manheim, se encontraron con un talentoso joven abogado de nombre Jean Baptiste von Schweitzer y otro joven no identificado en una situación altamente comprometedora. Como resultado de esto Schweitzer pasó dos semanas en la cárcel y fue expulsado de la profesión. Se sugirió que este incidente lo imposibilitaba de pertenecer a la Asociación General de Trabajadores Alemanes de Ferdinand Lassalle (vea James D. Steakley, “The Homosexual Emancipation Movement in Germany (El Movimiento de Emancipación Homosexual en Alemania), 1975). Lasalle defendió a Schweitzer diciendo:
“Lo que Schweitzer hizo no está bien, pero yo no puedo considerarlo un crimen. De cualquier manera, no podemos permitirnos el perder a alguien con tanta habilidad, una persona realmente fenomenal. En última instancia, la actividad sexual es un asunto de gustos y debe ser la elección de cada persona, siempre y cuando no afecte los intereses de la otra persona. Aunque yo no dejaría que mi hija se casara con un hombre como ese.” —John Lauritsen and David Thorstad, The Early Homosexual Rights Movement (1864-1935) (Los Inicios Del Movimiento del Derecho de los Homosexuales), New York, 1974
En 1864 Lassalle murió como resultado de un duelo (por una mujer) Y Schweitzer se convirtió en el dirigente de los Lassallistas durante los siguientes ocho años. Aunque los de Eisenache, un grupo que estaba apoyado por Marx y Engels, sostuvieron muchas discusiones políticas con los de Lassalle, estas polémicas públicas no parecen haber estado contaminadas con epítetos homosexuales. En mayo de 1875 los dos grupos se fundieron para crear el Partido Social Demócrata Alemán (SPD), que se convirtió en la sección líder de la Segunda Internacional (Socialista).
El SPD y la Cuestión Homosexual
August Bebel (líder de los de Eisenacher y líder eminente del SPD) habló en el Reichstag muchas veces en defensa de los homosexuales y en contra de las consideraciones penales del código criminal. Se dice que en una ocasión dijo:
“Pero señores, no tienen idea de cuantos hombres respetables, honorables y valientes, incluso en las posiciones más altas, son llevados al suicidio año tras año, algunos por la vergüenza y otros por miedo a un chantajista.” —Lauritsen y Thorstad, op cit.
Un caso defendido por los marxistas alemanes fue el de Oscar Wilde en Inglaterra, procesado en 1895 bajo la enmienda Labouchere de 1885 la cual declaraba como ilegales las actividades homosexuales. Eduardo Bernstein, principal teórico del ala derecha del SPD, escribió un artículo enjundioso defendiendo a Wilde en las ediciones de abril y mayo de 1895 del Die Neue Zeit. Bernstein comentó que:
“Aunque el tema de la vida sexual parezca de poca prioridad para la lucha económica y política de la Social Democracia, esto sin embargo no significa que no es obligatorio encontrar una norma para juzgar este aspecto de la vida social, una norma que se base en un punto de vista científico y en conocimientos, en vez de en conceptos morales más o menos arbitrarios.” —Lauritsen y Thorstad, op cit.
Él rechazaba la idea de que la actividad homosexual fuera perseguida como “antinatural” y anotó que muy pocas de las cosas que los seres humanos realizan son “naturales” —incluyendo el sostener discusiones por escrito. Él decía que los juicios emitidos sobre lo que es natural o antinatural para los seres humanos son reflejo del nivel de desarrollo de la sociedad, en vez del de la Naturaleza, y apuntó que “las actitudes morales son fenómenos históricos”.
Bernstein anotó que en la mayoría de las grandes civilizaciones de la antigüedad (los egipcios, los griegos y los romanos) se practicaba libremente el amor homosexual y dijo que: “las relaciones sexuales entre individuos del mismo sexo son tan viejas y están tan diseminadas que no hay etapa de la cultura humana de la cual pueda decirse que estuvo libre de este fenómeno”. Él denunció que las teorías que consideraban la homosexualidad como una enfermedad, eran otra forma de moralismo, punto este que fue retomado por otro social demócrata, Adolf Thiele, en el debate sostenido en el Reichstag en 1905 sobre el tema. Karl Kautsky, que representaba el ala izquierda del SPD, también se pronunció contra la opresión de los homosexuales. Sin embargo, a pesar de las declaraciones públicas de muchos de sus representantes más prominentes, el partido como un todo no tomó una posición respecto al tema. Los fundadores del movimiento marxista compartían muchos de los prejuicios de su época sobre la homosexualidad. Aparentemente Marx se refirió al tema por escrito una sola vez, aunque en 1869 le había pasado a Engels un libro sobre el tema escrito por K.H. Ulrich, que fue la primera persona que trabajó seriamente en la liberación de la ley de la homosexualidad. No hay la certeza de que Marx haya leído el libro (con casi toda seguridad el Die Geschlechtsnatur des mannliebenden Urnings) que le prestó Wilhelm Strohn, un comunista alemán que vivía en Bradford. En carta a Engels de fecha 17 de diciembre de 1869 Marx le dice: “Strohn va a regresar a Bradford y quiere que le devuelvas el Urnings, o como quiera que se llame el libro del pederasta.” Engels había comentado el libro a Marx en una carta del 22 de junio de 1869. Antes de sus comentarios se quejó de que Wilhelm Liebknechtt, el alemán que pensaba como ellos, estaba siendo demasiado conciliatorio con los Lassallistas, que eran liderados por Schweitzer:
“El Urnings que me mandaste es una cosa muy curiosa. Estas son revelaciones extremadamente antinaturales. Los pederastas están comenzando a contarse y están dándose cuenta de que son un poder en este estado. Sólo les faltaba organización, pero según esta fuente aparentemente ésta ya existe en secreto, Y como tienen hombres tan importantes en los viejos partidos, e incluso en los nuevos, desde Rosing a Schweitzer, no pueden menos que triunfar. . ‘Guerre aux cons, paix aus trous-de cul’ será el slogan ahora [traducido por los editores de las Obras Completas de Marx-Engels como ‘Guerra a las vulvas, paz a los anos’] Es una suerte que nosotros, personalmente, seamos demasiado viejos para temerle a que, cuando este partido gane, tengamos que pagar un tributo físico a los vencedores. ¡Pero y la generación más joven! A propósito, sólo en Alemania puede suceder que un hombre como este pueda venir y convertir esa basura en una teoría y ofrecer la invitación introite [de entrar], etc. ... Si Shweitzer es útil para algo es para sacarle a este honorable hombre los detalles de otros pederastas en puestos claves, lo cual ciertamente no le sería difícil puesto que son hermanos de alma.”
En los trabajos que publicó, Engels sólo hizo tres comentarios moralistas y convencionales (todos dentro de una pequeña sección del segundo capítulo de su innovador Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado).
La Homosexualidad en la Rusa Zarista
En Rusia bajo los zares, el clima era relativamente liberal. Rusia no había experimentado la ola feudal de homofobia que había pasado por Europa Occidental. La dinastía de los Romanov a finales del siglo 19 estaba intentando implantar la industria capitalista, pero no estaba intentando implantar la familia nuclear proletaria. Había sólo dos artículos en el código criminal zarista que se relacionaban con la homosexualidad: el artículo 995 que prohibía el sexo anal (pero no otras actividades homosexuales) y el artículo 996 que tenía que ver con la violación homosexual de niños menores u hombres con retraso mental (vea Simon Karlinsky, Hidden from History: Reclaiming the Gay and Lesbian Past (Ocultos para la Historia: Reclamando el Pasado Gay y de las Lesbianas), Londres, 1989). Un historiador citado por Karlinsky alega que el único caso procesado bajo estos artículos en los años de 1890s estaba relacionado con un maestro de escuela que sedujo a un alumno de trece años—a los cinco años el maestro regresó a su trabajo.
En los 1890s hubo varios grupos destacados gay en Rusia. El pomposo Gran Duque Serguei Alexandrovich llevaba frecuentemente a sus amantes de turno a funciones públicas. El grupo centrado en Diaghilev no escondía su homosexualidad y había también un grupo importante de literatos gay que incluía a celebridades nacionales como Kuzmin y Kliuev. “Todas las personas conocían de su homosexualidad y esto no les traía problemas en sus vidas sociales o profesionales” (Karlinsky, obra citada). En este clima relativamente liberal, los bolcheviques (al igual que Marx y Engels anteriormente) no estuvieron obligados a tener en cuenta el tema de la opresión de los homosexuales y ni Lenin ni Trotsky se conoce que hayan escrito nada sobre este tema ni antes ni después de la Revolución de Octubre. Está claro, sin embargo, que Trotsky tenía una actitud relajada y tolerante hacia el tema. En Literatura y Revolución, publicada en 1924, escribió una crítica literaria de algunas poesías abiertamente homosexuales sin ningún tipo de prejuicio. También escribió una nota necrológica benévola—casi tierna—en la edición de Pravda del 19 de enero de 1926, sobre Serguei Esenin, un poeta abiertamente bisexual (vea Leon Trotsky on Literature and Art (Leon Trotsky sobre el Arte y la Literatura), Nueva York, 1972).
La Homosexualidad después de la Revolución Rusa
Después de la Revolución Rusa, el régimen repudió toda las leyes zaristas que se decía eran “contradictorias a la conciencia y a la legalidad revolucionaria” (Decreto sobre asuntos judiciales del Consejo de los Comisarios del Pueblo, 5 de diciembre [22 de noviembre] de 1917). Esto implícitamente eliminaba el carácter criminal de la homosexualidad y cuando se promulgó el nuevo código criminal en 1922 después de la Guerra Civil, se eliminó toda alusión a la homosexualidad.
Esta actitud progresista del nuevo régimen hacia la homosexualidad se materializó cuando se designó en 1918 a Georgui Chicherin, un conocido homosexual, como Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores. Ningún estado burgués hubiera colocado a un hombre como ese a cargo de las relaciones exteriores. (La relación anterior y la correspondencia continua de Chicherin con el eminente poeta homosexual ruso Mijail Kuzmin fue documentada en: “Mijail Kuzmin: A Chronicle of His Life and Times (Mijail Kuzmin: Una Crónica de su Epoca y su Vida)” [en inglés] y en el volumen III de la colección completa de la poesía de Kuzmin Sobranie stikhotvoenii [en ruso], editada por Malmsted y Vladimir Markov, Munich 1977. Un relato sobre su forma de vestir poco convencional y de su estilo de trabajo como Comisario de Asuntos Exteriores puede encontrarse en One Who Survived: The Life Story of a Russian under the Soviets (Uno que Sobrevivió: La Vida de un Ruso bajo los Soviéticos), Nueva York, 1945).
La opinión científica en los comienzos de la Unión Soviética no estaba determinada por la “línea general”, muchos sexólogos soviéticos de esa época parecen haber tenido una actitud progresista respecto a la homosexualidad. En 1923 el Dr. Grigorii Batkis, director del Instituto de Higiene Social de Moscú, escribió la siguiente descripción aprobatoria del nuevo código legal:
“La legislación soviética se basa en el siguiente principio: declara una total ausencia de interferencia del estado y de la sociedad en los asuntos sexuales, siempre y cuando no se afecten los intereses de ninguna otra persona.
Con respecto a la homosexualidad, la sodomía y diversas otras formas de gratificación sexual, que en la legislación europea se consideran ofensas a la moralidad pública—la legislación Soviética las trata de la misma forma que el llamado coito “natural”. Sólo cuando se utiliza la fuerza o la coacción, como en general cuando hay un daño o menoscabo de los derechos de otra persona, es que se llevará a cabo un procedimiento legal.” —Die Sexualrevolution in Russland (Berlín, 1925, aparentemente una re- publicación de un original en ruso de 1923, citado por Lauritsen y Thorstad, obra citada).
Al mismo tiempo, sin embargo, había otros profesionales que consideraban la homosexualidad como una enfermedad grave. En Sexual Life of Contemporary Youth (La Vida Sexual de la Juventud Contemporánea), publicada por la Editorial Estatal en 1923, Izrael Gelman afirmaba que:
“La ciencia ha establecido ahora con una precisión que no deja dudas [que la homosexualidad] no es mala voluntad o crimen, sino enfermedad... El mundo de un homosexual masculino o femenino está pervertido, es ajeno a la atracción sexual normal que existe en una persona normal.” —citado por Karlinsky, obra citada.
Con el tiempo, a medida que la burocracia estalinista tomó poco a poco el poder dentro del estado soviético de los trabajadores, este punto de vista sobre la homosexualidad cobró influencia. Un síntoma del deterioro de la situación de los gay fue el rápido declinar de la influencia de Chicherin después de la muerte de Lenin en 1924. Cuando se publicó la Gran Enciclopedia Médica en 1929, la homosexualidad había sido totalmente ‘patologizada’. Los homosexuales se perseguían cada vez más—la revolucionaria alemana Clara Zetkin intervino a favor de alguna de las víctimas.
Finalmente, en 1933-34, la homosexualidad fue considerada formalmente como criminal. La re-introducción de una homofobia apoyada por el estado, al igual que los ataques al derecho de las mujeres que lo acompañaron (e.g. se volvió a considerar el aborto como actividad criminal) estuvieron dirigidos a reforzar la familia nuclear como la unidad básica de un orden social conservador.
Stonewall y Después
En las últimas décadas la visibilidad y el poder político de la población homosexual ha crecido considerablemente, particularmente en Europa, América del Norte y Australasia. Un factor importante de esta nueva situación ha sido las batallas políticas militantes que se han sostenido a favor de los derechos de los homosexuales, comenzando por los disturbios de Stonewall en la Greenwich Village de Nueva York en 1969. El movimiento de liberación de los gay de principios de los 1970s, agresivo y con mucha auto-afirmación, se desarrolló dentro del contexto de un movimiento general hacia la izquierda política y de una liberación de las actitudes respecto a la sexualidad en general. El crecimiento explosivo del movimiento de liberación de las mujeres durante este período cuestionó la legitimidad de la familia patriarcal “normal”. Algunos elementos del movimiento de las mujeres adoptaron el lesbianismo (“mujeres identificadas con mujeres”) como la expresión más consistente del feminismo.
El limitado progreso conseguido por los gays y las lesbianas está totalmente conectado con los cambios operados en la familia nuclear. El crecimiento del sector de trabajadores de oficina con empleos que pueden ser realizados por ambos sexos, la expansión masiva de la fuerza laboral femenina y la imposibilidad de mantener el estándar de vida con un solo salario (masculino) socavaron los estereotipos tradicionales del “lugar correcto” para los hombres y las mujeres en todo el mundo. Otro cambio importante—conectado con el aumento de la eficacia de las técnicas anti-conceptivas—fue el liberar la fuerza sexual de los adolescentes. Una actividad heterosexual generalizada de los adolescentes reduce el “peligro” de que los apetitos, que se han derivado hacia la actividad heterosexual, se deriven hacia la homosexualidad, y obvia la necesidad de medidas especiales para contrarrestar este “peligro”. La actividad homosexual sigue siendo potencialmente un ejemplo contra la familia nuclear, pero en las sociedades donde se tolera el sexo extra marital ese peligro es sencillamente uno entre muchos.
Sin embargo, la familia nuclear sigue siendo una institución poderosa en la sociedad capitalista moderna. Es allí donde se supone que se satisfagan las necesidades emocionales más importantes del individuo (el amor, la intimidad y la seguridad emocional). Incluso para aquellos cuya experiencia de la familia es sólo de dolor y alienación, el mito continúa ejerciendo una influencia considerable. Con la erosión de los estándares de vida de la clase trabajadora, el colapso de los servicios sociales y el incremento de los niveles de desempleo crónico dentro del corazón de las metrópolis imperialistas, la familia proletaria también se ha convertido en una fuente importante de apoyo para una parte sustancial de jóvenes adultos que de otra forma estarían desamparados. Es más, el control de los padres sobre una herencia potencial, al menos dentro de las clases trabajadoras y de la pequeña burguesía con suficiente afluencia económica como para tener propiedades o cualquier otra ventaja material, opera como un mecanismo disciplinario en forma muy parecida a como opera dentro de la burguesía.
Los logros registrados por los gay y las lesbianas en las últimas décadas son sustanciales, pero también son frágiles y reversibles. El sexo extra-marital y particularmente la homosexualidad todavía son ferozmente condenados por los fundamentalistas clericales y los conservadores seculares. La feroz oposición del Pentágono (y de la mayoría del Congreso) a los intentos de Bill Clinton de permitir que los gay y las lesbianas sirvieran en el ejército sirvió de recordatorio de cuán precarios son los derechos de los homosexuales. En agosto pasado el Senado de los Estados Unidos votó por inmensa mayoría a favor de “reducir el dinero federal para enseñar en las escuelas la aceptación de la homosexualidad como una forma de vida” (New York Times, 2 de agosto de 1994). Uno de los objetos citados como “material obsceno y ofensivo” entregado a los alumnos era un libro sobre una pareja lesbiana intitulado “Heather Has Two Mommies (Heather Tiene Dos Mamás)”.
A medida que la lógica de la competencia económica global obliga a los capitalistas a incrementar continuamente la presión sobre los niveles de vida de la clase trabajadora, los lazos que una vez unieron a las personas a la familia nuclear se estiran casi hasta romperse o más allá. Los homosexuales, los “humanistas seculares”, los que están a favor del derecho al aborto y las feministas, son tomados como chivos expiatorios de la destrucción de la “vida familiar” a medida que la recuperación de los “valores familiares” se convierte en el llamado de la reacción social.
Las zonas donde coinciden las campañas contra el aborto, la pornografía y los gay son el terreno natural para reclutamientos fascistas, que en estos momentos están en alza en Europa y Norte América. El ataque a homosexuales frecuentemente se utiliza como una herramienta organizativa para los fanáticos defensores de la irracionalidad y la desigualdad capitalista.
La Pandemia Mundial del SIDA
La epidemia del SIDA ha dado paso a una ola de pánico moral utilizada para alimentar el prejuicio contra los gay, para promover el miedo generalizado al sexo y reforzar la religión. La prevención, el cuidado y la investigación sobre el VIH/SIDA ha sido escandalosamente poco financiado por los gobernantes capitalistas del “Nuevo Orden Mundial”. Al igual que cualquier otro mal bajo el capitalismo, el SIDA afecta mayormente a aquellos que se encuentran en el punto más bajo de la escalera social. En el corazón del imperialismo los que más dependen de los servicios públicos de salud Nuevo Orden Mundial los pobres y las minorías oprimidas Nuevo Orden Mundial son los que más sufren. Las desesperadamente pobres neo-colonias, por supuesto, han sido mucho más afectadas que los países imperialistas y tienen discapacitados o moribundos un número creciente de la población de los grupos de edades productivas.
En años recientes los gays y lesbianas militantes han hecho campañas agresivas para recaudar más recursos para luchar contra el SIDA y han sacado a la luz algunos de los ejemplos más evidentes de la negligencia y el abuso. Nosotros respetamos el considerable valor mostrado por estos activistas al enfrentarse a la institución de los médicos y al estado y buscaremos oportunidades para trabajar en común con ellos en el futuro. Es de vital importancia que las capas sociales más profundas se involucren en estas luchas y que particularmente las organizaciones de la clase trabajadora acojan estos temas como una parte clave de la lucha por una asistencia de salud universal, gratis y con calidad.
Los marxistas reconocen, sin embargo, que no hay nada inherentemente revolucionario sobre la homosexualidad, ni en la lucha contra el SIDA. Los logros alcanzados por las lesbianas y los gay en las últimas décadas han llevado al desarrollo de una casta versátil y ascendente de profesionales homosexuales (muchos asociados con la industria del SIDA) que buscan desesperadamente la respetabilidad burguesa
Las Tácticas en el Movimiento Gay
Las tácticas de los grupos gay militantes varían considerablemente respecto a su efectividad. Un punto de vista, que involucra las muestras ostentosas de afecto entre gays en lugares inesperados, pretende choquear a los heterosexuales para que cambien su conciencia. Esto es inofensivo y ciertamente apoyamos el derecho de los homosexuales de no esconder su orientación sexual. Pero, como estrategia política presupone que la raíz de la homofobia se encuentra en la conciencia de los individuos en vez de en los requerimientos del orden social capitalista.
Otra táctica es la de pedirle a las lesbianas y a los gay que “salgan” en formas menos ostentosas—que sean desinhibidos respecto a su sexualidad en las actividades normales de su vida. Esta “salida” es considerada por la mayoría de los gay no tanto una estrategia política sino un paso personal hacia la autoestima y el ajuste personal, que debe realizarse por cada individuo en particular dependiendo de sus circunstancias. Todavía hay muchos homosexuales que tienen miedo de exponerse, que valoran su derecho a su privacidad y que no quieren salir.
Inevitablemente algunos funcionarios burgueses son homosexuales escondidos y muchos de ellos apoyan las políticas más homofóbicas. En años recientes los activistas gay han comenzado a realizar “salidas”, i.e. revelando públicamente las identidades sexuales de algunos homosexuales escondidos prominentes en la derecha. Esta táctica no es nueva. Era conocida en el primer movimiento por el derecho de los homosexuales en Alemania como “caminando sobre los cadáveres” y fue utilizada en los primeros años de los 1900s con resultados desfavorables (vea Steakley, obra citada, y Oosterhuis y Kennedy, Homosexuality and Male Bonding in Pre-Nazi Germany (La Homosexualidad y las Uniones Masculinas en la Alemania Pre-Nazi), New York, 1991).
Aunque los marxistas comparten el disgusto de los liberales gay con respecto a la mayoría de los elegidos para ser expuestos, así como la sensación de frustración por la falta de progreso respecto a los derechos de los gay, en general estamos en contra de esta táctica. Tiende a sumarle al miedo de ser expuesto, la carga de los homosexuales ocultos inofensivos y crea un clima que favorece el peor tipo de periodismo homofóbico y muchas reacciones contra los gay.
La Lucha Contra la Homofobia en la Clase Trabajadora
Es tarea del partido marxista inculcar la conciencia científica y guiar al proletariado a trascender el moralismo y la mistificación. Esto significa oponerse a la propuesta estalinista de la “familia socialista” y a las actitudes retrógradas respecto a las mujeres y a los homosexuales que le acompañan.
La homofobia, al igual que cualquier otro prejuicio de la sociedad capitalista, sirve para dividir, desmoralizar y disciplinar al proletariado y minar su capacidad de comprender sus propios intereses históricos. La participación común en la lucha de clases y la batalla por la justicia social y económica puede reducir la homofobia en la clase trabajadora y en otras capas de los oprimidos. Un partido revolucionario tiene que encarnar la conciencia científica de la sociedad como un todo. Debe tratar de incorporar a las personas que sienten la opresión del capitalismo en cualquiera de sus formas y conectar sus luchas a la necesidad de subvertir el sistema social del que se deriva la opresión. De igual forma que es útil tener camaradas de diferentes generaciones, con historias políticas diferentes y de diferente ascendencia cultural, las formas particulares de alineación de los hombres gay y de las lesbianas les da una variedad de perspectivas respecto a la sociedad burguesa que enriquecen significativamente la conciencia marxista colectiva de la vanguardia proletaria.
Contra el Sectorialismo y a favor de las Organizaciones Transicionales
Los marxistas luchan contra cualquier forma especial de opresión (ya sea de la mujer, de los negros, de los jóvenes, de los aborígenes o de los homosexuales) sin perder de vista que la raíz de toda opresión es la sociedad de clases. Los revolucionarios apoyan toda reforma que mejore la situación de los oprimidos, pero saben que al final la opresión social sólo puede ser eliminada a través de la lucha por una sociedad socialista---una sociedad basada en producir para satisfacer las necesidades humanas y no para obtener ganancias. Los marxistas reconocen, a diferencia de los sectorialistas, que debido a su posición económica estratégica, la clase trabajadora es el factor decisivo en la lucha por un cambio social fundamental. El intento de organizar los gay como gays, las mujeres como mujeres o los negros como negros inevitablemente nos lleva a cruzar las barreras de clases y a restringir la lucha dentro de la estructura de la racionalidad capitalista. Pero la opresión de los gay y de las lesbianas (en común con otras formas de opresión) sólo puede ser enfrentada con éxito a través de un programa que trascienda los límites del orden social existente.
Un partido revolucionario necesita organizaciones transicionales que enfoquen la lucha de los oprimidos y que alisten los elementos más políticamente avanzados a la lucha por el poder de los trabajadores. Donde exista la posibilidad de intervenir en una arena política significativa de los gay o las lesbianas, el partido revolucionario debe intentar crear una organización transicional para este trabajo. Las actividades de dicha organización, que sería parte de un movimiento revolucionario común con una disciplina común, estaría centrada en luchar contra la opresión de los gay y de las lesbianas además de proponer un programa que ligue a estas luchas con la necesidad de un gobierno de la clase trabajadora.
La Importancia Relativa de la Problemática Homosexual
El hecho de que los marxistas luchen contra todas las formas de opresión del capitalismo no implica que todas ellas sean igualmente importantes para la estrategia revolucionaria. La opresión de los gay y de las lesbianas no es del todo igual a la opresión de los negros en los Estados Unidos, por ejemplo, o a la de las mujeres. Los gay y las lesbianas no se concentran en zonas particulares o cruciales de la clase trabajadora, no constituyen una membresía numerosa o de fácil organización y además, la orientación sexual no es tan inmediatamente visible como la raza o el sexo. Es más, en general, no hay un componente económico importante relacionado con la opresión de los homosexuales—aunque sí hay una ventaja económica en no tener hijos, que en el clima social actual es frecuentemente concomitante con el hecho de ser gay o lesbiana.
No importa el progreso que se haya alcanzada en las décadas recientes, la homofobia sigue siendo un “punto caliente” para la derecha reaccionaria y una herramienta de poder para la defensa del status quo. Es vital que los marxistas abracen la problemática de la opresión de los hombres y mujeres homosexuales, pero no es un punto estratégico para la revolución socialista—como lo es, por ejemplo, la problemática de la mujer. La opresión de los homosexuales tiene sus raíces en los requerimientos del sistema capitalista y se puede alcanzar su liberación sólo a través de un empleo racional de la inmensa capacidad productiva de la humanidad para eliminar la pobreza, la ignorancia y la desigualdad social. En una sociedad sin clases, el estado, y junto a él la familia nuclear, comenzarán a marchitarse y a ser reemplazados por formas de asociación de los seres humanos que sean más libres y voluntarias, en las cuales la sorprendente plasticidad de la sexualidad humana pueda expresarse sin temor, prejuicio, ni la ansiedad con la que la sociedad capitalista patriarcal ha tratado tradicionalmente a las “desviaciones” sexuales.
Publicado: 28 Febrero 2008

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